¿Están amenazados el matrimonio y la familia?
Autor: Alejandro González | Fuente: Catholic.net
Muchos casos aparecen frecuentemente en los medios de
comunicación sobre matrimonios en dificultades o que se rompen, lo que conlleva
familias desectructuradas. Normalmente son casos de personas populares o
famosas pero muchos de nosotros, me atrevo a decir que todos, conocemos casos
parecidos en el ambiente familiar o social que nos rodea. ¿Qué está pasando?
¿Está realmente en crisis la institución matrimonial y familiar? Permitidme que
no conteste con un sencillo sí o no y pase a desarrollar una serie de aspectos
para llegar a unas conclusiones que, siendo evidentemente las mías, se las
brindo por si pueden ayudar en alguna medida.
No de extrañar que el asunto no ande bien porque son muchas
las acometidas que están sufriendo el matrimonio y la familia y el poco aprecio
que en esta sociedad tiene la palabra compromiso, fidelidad y otras similares.
Tampoco ayudan la normativa legal que se fabrica en nuestros parlamentos en
relación con este asunto. Hay que ver la de dificultades que he tenido en estos
días para cambiar de compañía de teléfonos y tengo mis dudas sobre si habría
ocurrido lo mismo ante un planteamiento de divorcio.
Decía que no gusta hoy el compromiso y menos el compromiso
duradero. Incluso entre los que nos llamamos cristianos hay quienes no se toman
muy en serio cosas como el compromiso con Dios, con la familia, incluso con el
trabajo. No exagero, me basta con mirar alrededor y comprobarlo. Admito que no
siempre es así pero y admito que hay personas que creen en la palabra dada, tal
vez tú que me estás leyendo seas una de ellas, pero mira el ambiente y verás
que tengo razón en parte no pequeña.
El ejemplo que se está dando a los que viene detrás no me
parece que colabore a que las cosas mejoren. Espero y deseo que ocurra lo
contrario y que muchos niños y jóvenes que están viendo lo que lo que hacen
muchos mayores y sus consecuencias tomen el camino contrario a ese ejemplo
nefasto. A esta deseable actitud también puede contribuir, sin duda, otros
ejemplos buenos, que los hay.
Fijémonos en las tres palabras que resaltan en todo lo que
aquí escrito: Acometidas, normativa legal y ejemplo que desarrollaré brevemente
en las siguientes líneas. Cierto es que cada una, por su importancia,
requeriría al menos un artículo completo pero abusaría de vuestra paciencia y
del espacio que debo dar a mis artículos. Tal vez haya tiempo de hacerlo en un
futuro.
Acometidas: No son nuevas en la historia de la humanidad, como
casi nada, ya que los seres humanos somos poco originales en nuestras maldades.
Ha sido desde hace un par de siglos cuando esos ataques se están produciendo
con mayor virulencia. El materialismo del que están impregnadas ciertas
ideologías que invaden nuestro mundo a partir de siglo XIX es el origen de esas
virulentas agresiones. Para ejemplo traigo a vuestra consideración el
comentario del filósofo Friedrich Engels (1820-1895), uno de los padres de ese
materialismo:
"La familia conyugal dejará de constituir la unidad
económica de la sociedad, la economía privada doméstica se transformará en una
industria social. El mantenimiento y la educación de los hijos se convierten en
asunto público, la sociedad se hace cargo, por igual de todos los niños, sean
legítimos o naturales; con ello desaparecerá la preocupación por las
“consecuencias”……..motivo suficiente para que se instaure poco a poco una mayor
libertad en las relaciones sexuales…… Entonces, no habrá otro motivo más que la
inclinación recíproca. Donde ésta cese o venga suplantada por otra inclinación,
inmediatamente el divorcio resuelve esta dificultad ahorrando a las personas
enfrentarse en el inútil fango de un proceso".
He resaltado ciertas frases que son de plena aplicación a lo
que pasa en nuestros días, aunque hayan sabido infiltrarlas disimuladamente.
Normativa legal: La legislación, en sus diferentes rangos,
que emana de muchos organismos nacionales e internacionales, ha sido construida
en muchos casos por personas que, en el siglo pasado, han sido impregnadas por
la citado materialismo que se impartió en las aulas de nuestros centros de
estudios superiores. Volviendo a recordar a otro escritor esta vez del siglo
XX, Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), me permito transcribir lo siguiente:
“Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen,
porque no saben lo que deshacen”.
Mi admirado Chesterton no me atrevo a contradecirte pero si
añadir que ahora, y tal vez entonces también aunque no viví en tu época, hablan
poco pero actúan sin descanso porque sí saben lo que quieren deshacer.
Ejemplo: Nosotros los que sí creemos en la familia y, sobre
todo, estamos dispuestos a defender sus derechos en beneficio de los que vienen
detrás (nuestros hijos, nietos, etc.) tenemos unas sagradas obligaciones:
-Preocuparnos y ocuparnos de estos asuntos, formándonos y
ayudando a formarse a otros, empezando por la propia familia. Todos tenemos que
aportar en esta lucha porque “la familia es el principio de la ciudad y como
seminario de la cosa pública” (Cicerón) y, además, “la fuerza de una nación se
deriva de la integridad del hogar” (Confucio).
-Movilizarnos socialmente para que sean reconocidos sus
derechos. Cada uno en su lugar, parlamentos, asociaciones, incluso en el
mostrador de la cafetería. Pero sepamos que la lucha en solitario es poco
eficaz, hay que unirse, asociarse, pasando por encima de protagonismos y
discrepancias personales en asuntos no fundamentales.
-Mostrar lo hermoso que es la familia con su unidad, apoyo
mutuo, generosidad en la entrega y sacrificio alegre y otras muchas virtudes
que debemos vivir día a día en la nuestra.
Después de tanta cita de laicos, la mayoría ni siquiera
cristianos, permitidme terminar con una cita de Juan Pablo II que nos decía:
“El futuro de la humanidad se fragua en la familia”.
En tus manos y en las mías, entre otras, está ese futuro, no
dejemos que nos lo arrebaten sin por lo menos luchar por él. Se lo debemos a
las próximas generaciones.

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